Desde Infobis le damos el último adiós a Héctor Ricardo García

OSCAR BISSIO

El 29 de junio podría establecerse como el Día del Periodismo Argentino. Porque partió el hombre leyenda de la más maravillosa de las profesiones.
Héctor Ricardo García instaló sus formas, aquellas que proporcionalmente provocan asombro; críticas y aprobación.

Esa es la clave, por el camino que se elija, llegan al corazón del receptor de la noticia.
García, tenía la fórmula y como todos quienes trasgreden los preceptos del conservadurismo, lograba transformar su idea en un efecto retumbante.
En este universo que hoy presenta periodistas vedetes, en algunos casos de escasa formación general, Héctor Ricardo fue parte de otra historia.

De la misma de la que muchos nos sentimos parte. Por origen y por la mirada que le devolvemos al oficio con la búsqueda de la primicia; la aplicación de alguna pirámide invertida y la mixtura de la técnica y el lenguaje popular.
Pero para ello, hay que nacer cerca de la tinta, condición vital para interpretar y ejercer el hermoso legado de comunicar. Y él lo vivió así.

Lejos de lo establecido –sin medir las consecuencias- dio siempre un paso más de lo conveniente para salir de la cómoda zona en la que muchos periodistas sobreviven amparados por la mediocridad y la conveniencia.
Era el producto de una generación esclarecida y devenido millennials del periodismo.

Porque nunca imaginó que las viejas máquinas de escribir, los ciegos laboratorios fotográficos, la antigua jefatura de redacción, la vieja y cálida sala del director, mutarían a la absoluta virtualidad.
Formó un partido: el Partido Periodista que no es poco.

En esa ingeniosa definición presentaba a su Crónica cuando los detractores querían ideologizar sus noticias.

Y fue el pueblo que eligió sus envíos para sentirse representado. Nunca más verdadero el slogan “Firme junto al pueblo”.
En cada tren, en el colectivo, en las fábricas y en menos escala (porque la porteñidad era pertenencia) en cada rincón del paٟís estaba el diario con sus titulares catástrofe.
El trabajador argentino comprendía el mensaje de un periodista todo terreno, soldado de la causa, que se rebelaba contra cierto stablishment impuesto por los medios tradicionales y dominantes.
Ese aura de popularidad logró transferirlo casi naturalmente de la tinta a la pantalla chica y también a Radio Colonia, mediante un proceso que le resultó muy natural.
Y como lo auténtico tiene peso específico a todos los convirtió en grandes éxitos editoriales.
Este sábado en la tranquilidad de su hogar del barrio de Nuñez dijo basta. Se cansó de crear en la tierra y vuela muy alto como el cóndor hacia otros destinos para descansar después de la misión cumplida.
Desde el interior del país, el homenaje de los periodistas como este servidor que pertenecemos humildemente al mismo linaje.

Noticias relacionadas

Dejá un comentario