Editorial: ¿Los empleados municipales de Bolívar a las puertas de una nueva época?

OSCAR BISSIO

Los empleados municipales de Bolívar fueron postergados muchas veces. Y es hora que comiencen a ser reivindicados por los gobernantes.

En este contexto, hay muchos laterales del tema que deberán resolverse paulatinamente, más no el salarial, que tiene que ser un punto de urgente solución.

En los planes del nuevo intendente parece verse otra clase de consideración a la problemática que no le es propia al municipio de Bolívar, sino que creció de modo exponencial con la aplicación de la nefasta Ley 11.757 diseñada por Eduardo Duhalde, que les restó múltiples beneficios a los agentes de las comunas de la provincia de Buenos Aires.

Es cierto que Bali Bucca, dilató la voluntad de beneficiarlos, pero también es verdad que esa actitud junto a otras tomadas en materia financiera, ungieron al municipio local como uno de los cinco de los 135 de la provincia que no tuvieron y no tienen los números en rojo.

Además, un simple esfuerzo de análisis, permitirá concluir en que si el elenco de trabajadores se convirtió en numeroso durante la administración Bali fue esencialmente por dos razones: la inmensa cantidad de frentes de obras abiertos por su gestión y la poca oferta de empleo del sector privado. Y que los porcentuales de la masa salarial en relación al Presupuesto fue, es y será altísima hasta que los municipios sigan siendo autárquicos y no autónomos, y no se reformen los números de las coparticipaciones.

Otro punto a corregir es la administración de ese recurso humano que no es ni más ni menos que nuestro vecino, y que es quien definitivamente pone en marcha a diario el concierto municipal en salud, servicios y administración.

Los empleados municipales se merecen más, pero para ello es necesario poner en orden todas las piezas del tablero.

La contra que tienen las intenciones de darles más, emergen en parte del Pacto Fiscal, que a tono con la dureza de los gobiernos nacional y provincial sobre la suerte de los trabajadores todos, exige “austeridad” sin importarles el pan a la mesa de miles de argentinos.

En Bolívar, esas medidas, ya han sufrido la réplica: despidos y recortes en la aceitera, la fábrica de calzados, el ferrocarril y la precarización en los comercios y en los servicios. Bolívar sufre de desempleo y de un 40% de empleo informal.

Hay que imaginarse un despedido reciente al pensar su futuro familiar. Puede concluirse en que esos hombres y mujeres estarán paralizados ante el atropello de la macroeconomía que los dejó fuera del sistema para beneficiar a los más poderosos.

Es una cuestión de redistribución de los ingresos y de asignación de los recursos.

Soltar a bocajarro el comodín desde una tarima televisiva que el Estado es grande ya pasa a ser un chascarrillo malicioso y temerario de los operadores del mensaje neoliberal, más un manual repetido sin sentido por una parte de la clase media que nunca será rica, pero que reniega del que está más abajo en la escala de los ingresos. Mucha ignorancia y apego a la cultura aspiracional.

Los empleados municipales, por su lado, deberán hacer en algunos sectores una autocrítica.

Los médicos –por ejemplo- hacen exactamente lo que les place a la hora de cumplir los regímenes horarios. Y a la hora de exigir aumentos en sus sueldos son implacables. Y como no hay competencia en el sector privado tienen conductas arbitrarias.

En un sistema colapsado tal como se presenta el de la salud en Bolívar, a los médicos no se les cae una idea para proponer los cambios que deben venir urgentemente y que un distrito que ya cuenta con una población mayoritaria de menores de 50 años, necesita imperiosamente para estar a la altura de esas generaciones.

Fue idea de Bali, y se avanzó mucho en la estrategia de brindarle al bolivarense crecer, estudiar, desarrollarse y envejecer en su tierra.

Pero no está garantizado nacer, curarse y supervivir en Bolívar ante la presencia de determinadas patologías. Será la tarea de Marcos y de quienes tomen la posta los próximos años.

Basta apelar a la estadística para repasar que el Capredoni atendía en 1992 unos 50 mil pacientes al año entre ambulatorios, en guardia e internados. Y funcionaban tres clínicas.

En 2017, atendió a poco más de 175 mil; sin clínicas existentes. Un 72% más de demanda con menos capacidad de atención.

Parece ser que muchos médicos -no todos- se corresponden a un status quo cómodo y conservador. Y que el stablishment, actores ejecutivos y legislativos les hacen el aguante para que todo siga igual.

No basta con remodelaciones ni fachadas bonitas. Hace falta que el nuevo intendente; el que se fue; los concejales y el personal de los hospitales cambien de cuajo el paradigma de la salud para que deje de ser una agrupación hospitalaria derivatoria en el marco de lo cual al vecino-paciente y su familia sólo les queda implorar para que se salve una vida.

En este sentido, vale oro la idea de la nueva administración de remodelar el aeródromo para –hasta tanto llegue el mentado cambio- reforzar las derivaciones.

El reproche manifiesto para funcionarios y empleados debe leerse como aporte a la búsqueda de la excelencia y vale para todas las áreas –direcciones y secretarías- y para todos los estamentos de los trabajadores.

De ningún modo, son todos, pero que los hay los hay.

Por caso, aquellos empleados nostálgicos de un viejo tiempo político que reinó en la Municipalidad, que no se informan y acuden a los facilismos de mentir cuando se pide la terminación de la Línea de 132 kilovoltios; cuando se analiza la crisis energética; cuando se pregunta por qué no se inauguran las obras pendientes de la gestión nacional anterior y cuando, precisamente, se aborda la problemática salarial de los agentes comunales.

Viene a colación porque cuando el actual gobierno municipal anunció que los empleados cobrarían un aumento estipulado en agosto, muchos de ellos saltaron con malicia y temeridad, pseudo ideologizados y empujados por el odio, sin saber bajo qué carácter se liquidarían esos salarios.

No es menos cierto que el gobierno municipal comunicó de manera pésima la noticia en un informe de prensa escueto y superficial que sólo generó confusiones.

Pero hay que partir de una realidad insoslayable. Aquella aciaga Ley 11.757 fue derogada y reemplazada por la actual Ley 14.656. Y hay paritarias.

Esta nueva norma obliga a los municipios a pagar salarios no menores al nuevo Mínimo, Vital y Móvil de 9.500 pesos de enero de 2018.

Por eso, los empleados municipales que cobran menos de 9.500 pesos, recibieron con sus salarios de enero un monto “conformado y no remunerativo” que alcanzó esa cifra.

Verbigracia, un empleado que tenía un sueldo de 7 mil pesos, recibió un aumento de 2.500 pesos, y así percibió el Salario Mínimo, Vital y Móvil que exige la ley.

La medida es progresiva y en este caso los beneficiados fueron aquellos que tienen una carga horaria de 48 horas y se encuentran entre las categorías 9 y 16 del Escalafón.

El resto, con otro régimen horario, está supeditado a la discusión paritaria.

Y otros empleados municipales, en la misma liquidación de los sueldos de enero, recibieron aumentos por nuevas bonificaciones como turnos rotatorios; guardias pasivas; licencias y presentismo, determinados por el vigente convenio colectivo.

Otro punto no contemplado en el básico municipal es la antigüedad pues es otro de los contrapuntos a discutir entre las partes.

La realidad es insoslayable. Los jugadores deben ubicarse cada uno en su puesto para que los sueños en marcha puedan concretarse.

La palabra clave es estrategia y planes a corto (coyuntura), mediano y largo plazos (cambio de paradigma), en las plataformas que necesitarán los próximos vecinos bolivarenses

 

Noticias relacionadas

Comentarios de nuestros lectores sobre “Editorial: ¿Los empleados municipales de Bolívar a las puertas de una nueva época?”

  1. […] Editorial: ¿Los empleados municipales de Bolívar a las puertas de una nueva época? […]

Dejá un comentario