Desarrollo: Cargill comenzó en Ibarra la ampliación de su planta de silos y convocará a 200 trabajadores

OSCAR BISSIO

En un acto encabezado por el intendente Marcos Pisano, la empresa Cargill anunció este martes la ampliación de su planta de Ibarra.

El centro operativo que funciona desde 2014 en esa localidad contará en unos 11 meses con una capacidad de acopio de 15.200 toneladas; 12.000 más que el almacenamiento actual.

Pisano, quien siguió de cerca la posibilidad de la iniciativa, estuvo acompañado por el gerente zonal de la zona sur de la firma Franco Herrero. El diputado nacional Eduardo Bali Bucca, la secretaria de Producción Lorena Carona y el precandidato a concejal Pablo Soria, también fueron parte de la jornada.

La iniciativa, observada por las autoridades municipales como parte de un plan de desarrollo, permitirá la contratación de por lo menos unas 200 personas durante su ejecución, y la posibilidad de más contratados de modo permanente cuando los nuevos silos se pongan en marcha.

La oficina de Empleo del gobierno municipal difundirá próximamente detalles que acompañarán la convocatoria a los aspirantes de siete empresas que ya están subcontratadas para la elección del personal.

La inversión es de cuatro  millones de dólares, confirmaron desde la Gerencia de la empresa, al tiempo que la planta acopiará producciones de soja; maíz; trigo y cebada, destinadas a la exportación.

Desde el seno municipal y en coincidencia con las autoridades de la conocida firma, entienden que la mega obra no sólo originará mano de obra directa, sino que además impactará en el andamiaje económico regional en el área de transporte y de los corralones.

A su vez, confían en una progresión de la propia localidad ubicada estratégicamente a 25 kilómetros de Bolívar.

La empresa Cargill está presente en la Argentina desde 1947. Actualmente tiene 3.200 empleados distribuidos en 65 centros operativos.

FRANCO HERRERO, SUBGERENTE CARGILL
PABLO SORIA, BALI BUCCA Y MARCOS PISANO

 

Cuando los capitales foráneos cumplen el rol de los locales

La transición de Bolívar a la Democracia cambió, claro está, visiones y estilos en el juego de la participación ciudadana, pero en estas últimas tres décadas y media, nada nuevo se ha observado en materia de diversificación de la economía nativa.

Hubo cambios sociales; despertares surgidos al unísono de los avances en la conquista de derechos promovidos por algunos gobiernos nacionales; pero el ADN de la economía no experimentó progresos.

Algunos adjudican este punto muerto a un pensamiento conservador mayoritario que hizo amainar todo intento de transformación en ese sentido.

Mentalidad fomentada por el campo y respaldada desde un manso rebaño por el resto de los bolivarenses.

Ahora no hay estadísticas oficiales; realidad que es imperioso corregir y se sabe que el intendente Marcos Pisano tiene un proyecto en agenda, pero hacia 2008 había en el partido de Bolívar cerca de 2.000 productores agropecuarios.

Y más allá de la pasada primavera sojera, del lento retorno del ciclo pecuario, el campo sigue a la vanguardia en la generación del Producto Bruto Geográfico del distrito.

Con tanto pandemónium cambiario sería temerario actualizarlo a estos días, pero hasta hace cuatro años, ese PBG rondaba los 550 millones de dólares (8.000 millones de pesos) con un valor nominal no constante pér capita de 37 dólares diarios por bolivarense.

Este es el dato: que el 70% de ese PBG lo genera el campo -uniforme y único- y poco queda para las chances del comercio, la industria y los servicios. Este último, clave en el PBI nacional.

Por qué Bolívar no advirtió tamaña llanura y buscó una diversificación en esa generación?

Es hora de preguntarse si se debe a aquel pensamiento ut supra citado, a la falta de ideas, de gestión o a la comodidad de los privilegiados que no quieren dejar de ser una minoría próspera?

En este nuevo Bolívar, donde el 50% de los habitantes tiene menos de 40 años, todas las estrategias tendrían que ir en esa dirección. Pensar responsablemente en un proceso de industrialización.

Tomar lo hecho, poco pero positivo, y revisar que algunas intenciones hubo –por convicción o espasmódicamente- en la era Simón cuando apareció el trabajo en línea. Que haya terminado como terminó no oscurece el intento.

El otro problema es el desdén y la indiferencia de los capitales locales que, aunque tampoco hay referencias oficiales, muchos bolivarenses inquietos afirman que llegan al 7% de la población apta para invertir.

Casi nunca sucedió y cuando se cristalizaron las excepciones las cosas terminaron mal. Por las condiciones del mercado o por ausencia de convencimiento.

No es para pedirlo ya, porque esas condiciones impuestas desde Nación, no son hoy las propicias y serán peores en los próximos meses.

Es una suerte de exhortación para más adelante cuando se piense una estrategia para un nuevo Bolívar.

Detectar la forma de estimular esos capitales locales, sacarlos del letargo eterno y dejar de lado para siempre los lugares comunes que se repiten ad náuseam (“Si el campo anda, andamos todos), al buscar una diversificación.

No puede ser que la poca industria existente sea toda de afuera: carnes, oleaginosa, granja, calzado, fueron en los últimos años la ratificación de tal aseveración.

Ni tampoco que un porcentaje superlativo del sistema recaudatorio con aportes de bolivarenses que gastan aquí su dinero, emigre descontroladamente. Esto significa que lo que aporta Bolívar impositivamente vuelve al andamiaje económico local en términos ínfimos.

Urge que las autoridades acepten que se está justo sobre el tiempo en el que se tienen que tomar decisiones estratégicas para que esas nuevas generaciones se beneficien con ideas; infraestructura; estrategia y una redistribución más igualitaria.

 

 

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